Casi 12 de abril.
Aún oigo odiseos de asfalto, tarde como siempre pliegan mis alas de cera, otra vez en Grecia, nunca salgo de su isla de sus latidos. Tu volcán fugaz como estrella terrestre de un nuevo siglo ha dejado de verse en este caleidoscopio de niño, no más promesas al viento ni lágrimas por la tierra. He visto mis besos mentales inhibidos por drogas medicinales, se acabó el misterio de la mentira, la solución después de la piedra. Los deseos se cumplen. No existen tentaciones para los paganos, sólo el deseo.
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